Te mides por la mañana para el carné o la ficha del gimnasio y das 1,70. Por la noche, en casa, la cinta métrica dice 1,69. No te has equivocado: has encogido un poco a lo largo del día.
Es verdad: eres algo más alto por la mañana. Durante el día, el peso de tu cuerpo comprime los discos de la columna y pierdes en torno a uno o dos centímetros. Por la noche, tumbado, los discos se recuperan.
Hasta un par de centímetros de diferencia
La mayoría de las personas es entre algo más de un centímetro y unos dos centímetros más alta al levantarse que al acostarse (ScienceBlog). No lo notas porque ocurre poco a poco.
Los discos funcionan como esponjas
Entre cada vértebra de la columna hay un disco intervertebral, una especie de cojín blando que amortigua los golpes. Estos discos tienen mucha agua.
- De día, de pie o sentado, el peso del cuerpo los aprieta y sueltan algo de líquido. Se aplanan un poco.
- De noche, tumbado, ya no soportan ese peso y vuelven a absorber líquido. Recuperan su altura.
Multiplica ese pequeño cambio por los discos de toda la columna y tienes el centímetro o dos que pierdes al día.
Los astronautas crecen
En el espacio no hay gravedad que apriete la columna. Por eso los astronautas pueden volver de una misión larga algunos centímetros más altos (Smithsonian Magazine). Esa altura extra se pierde al volver a la Tierra.
Curiosamente, los estudios con resonancia en astronautas apuntan a que no solo influyen los discos: también la pérdida de músculo de la espalda y el cambio en las curvas de la columna. Y muchos sufren dolor de espalda al volver.
Truco para medirte bien
- Mídete siempre a la misma hora, mejor por la mañana.
- Descálzate y apoya talones, glúteos y espalda en la pared.
- Mira al frente, con la cabeza recta.
- Pon un libro plano sobre la cabeza y marca la pared.
Consulta con tu médico si notas que pierdes altura de forma progresiva con los años, si te encorvas cada vez más o si tienes dolor de espalda que no mejora: puede tener relación con la salud de tus huesos.
Haz la prueba: mídete al levantarte y otra vez antes de dormir, y compara. Y para otra curiosidad del cuerpo que se renueva sin que te des cuenta, lee por qué tu estómago no se digiere a sí mismo. Más curiosidades rápidas: los huesos de más que tiene un bebé y los olores que distingue tu nariz.
A lo largo del día tus pies también cambian de tamaño: lee por qué los pies se hinchan por la tarde.