Llevas un rato sentado en el sofá con las piernas cruzadas viendo el partido, o en el baño mirando el móvil más de la cuenta. Te levantas y la pierna no responde: está como de corcho. Un segundo después llegan las agujas.

Cuando se duerme una pierna, lo que pasa es que la presión mantenida aplasta un nervio y este deja de enviar bien sus señales. Al cambiar de postura, el nervio se recupera y aparecen las “hormigas”. Los médicos lo llaman parestesia temporal, y casi siempre es inofensiva.

El nervio aplastado

Los nervios son como cables que llevan mensajes entre la pierna y el cerebro: “me estás tocando”, “hace frío”, “mueve el pie”. Cuando te sientas sobre una pierna o la cruzas mucho rato, comprimes uno de esos cables.

Según el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos de EE. UU. (NINDS), casi todo el mundo ha tenido alguna vez esta parestesia temporal, y desaparece en cuanto se alivia la presión.

Por qué después vienen las hormigas

Mientras el nervio está comprimido, la zona se queda adormecida. Cuando quitas la presión, el nervio “se despierta” de golpe y envía un aluvión de señales desordenadas. El cerebro las interpreta como pinchazos, cosquillas o calambres: las famosas agujas.

Es molesto, pero es buena señal: significa que el nervio vuelve a funcionar.

Posturas que dejan la pierna “de corcho”

Postura Qué se comprime Cambio fácil
Piernas cruzadas en el sofá Nervios detrás de la rodilla Descruzarlas cada rato
Sentado sobre una pierna Nervios del muslo y la pantorrilla Apoyar los dos pies en el suelo
En el baño con el móvil Muslos contra el borde del inodoro Dejar el móvil fuera
De rodillas mucho tiempo Nervios del pie y la pierna Levantarse y estirar
Durmiendo sobre un brazo Nervios del brazo (también pasa) Cambiar de lado

Cuando te pase, cambia de postura, mueve con suavidad el pie y los dedos y espera unos segundos antes de levantarte: con la pierna dormida es fácil tropezar o torcerse un tobillo.

Mujer estirando las piernas en el suelo
Foto de Chalo Garcia en Unsplash

Hormigueo que no es normal

La parestesia que se repite o no se va es otra historia. El NINDS explica que el hormigueo crónico puede ser síntoma de un problema neurológico o de una lesión de nervio. Consulta con tu médico si:

  • El hormigueo aparece sin ninguna postura que lo explique.
  • Se repite a menudo o dura mucho tiempo.
  • Viene con debilidad, dolor, torpeza o pérdida de fuerza.
  • Notas los pies o las manos dormidos de forma persistente.

Si el hormigueo aparece de repente en un lado del cuerpo, junto con debilidad en la cara, el brazo o la pierna, o dificultad para hablar, llama al 112: pueden ser señales de un ictus.

Si vas a pasar la tarde en el sofá, pon una alarma cada 30 minutos para cambiar de postura. Y si ya estás estirándote, quizá te preguntes por qué crujen los dedos. Y si la siguiente sorpresa llega al acostarte, lee por qué das un salto al dormirte o por qué se arrugan los dedos en el agua.

Ese hormigueo tiene mucho que ver con los nervios de la pierna, y uno de ellos es un récord: el nervio más largo del cuerpo.